CARLOS KEEN:
Un ejemplo vivo de los orígenes de la ciudad pampeana.

Para hurgar en los orígenes de ésta bucólica y pintoresca localidad debemos remontarnos al año 1635, plena época colonial, cuando en éstos pagos se establece una posta estratégica para cubrir las necesidades básicas de quienes, se aventuraban a viajar desde Buenos Aires a Córdoba siguiendo el “antiguo Camino Real” que unía a la capital del virreinato con las provincias del norte y el oeste. Es época de la famosa “Guardia de Luján” que entre 1600 y 1754 se estableció en proximidades del río, en donde un vado permitía su cruce a caballo. Allí estaba apostada dicha guardia con la misión de efectuar el control necesario de mercaderías y haciendas para evitar el contrabando.

Con el correr de los años, y ya bien entrado el siglo XIX, George Keen y su esposa Eloísa Vargas adquieren los campos que conforman la actual localidad, los cuales, a la hora de repartir su herencia, pasan a ser propiedad del menor de sus dos hijos, de nombre Carlos.

Carlos Keen, nacido en el porteño barrio de Flores en 1840, llegó a ser un conocido abogado y periodista que combatió y fue herido en la guerra de la Triple Alianza, pero que jamás llegó a conocer sus tierras próximas a la “Villa de Luján” ya que murió muy joven, durante la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1874.

Pero el verdadero origen de la localidad de Carlos Keen, como población permanente, se debe a la irrupción del ferrocarril, que se desarrolló enlazando ciudades que estaban consolidadas desde mucho tiempo atrás. Así Luján que data de 1755, San Antonio de Areco de 1750 y Pergamino de 1749, año en que se estableció allí un fuerte para controlar al indio.

Atendiendo las considerables distancias entre estos centros urbanos se vio la necesidad de establecer, por razones de mejor servicio, apeaderos y lugares de abastecimiento ferroviario, que constituyeron el embrión de futuras localidades intermedias. Este hecho fundamental es el verdadero origen de lo que el arquitecto Patricio Randle denomina la “Ciudad Pampeana”, ya que es un hecho repetido a lo largo y ancho del territorio bonaerense, del cual Carlos Keen es un ejemplo genuino que se mantuvo invariante a través del tiempo.

Ocurrió que en esos pagos sin nombre, el ferrocarril, que comenzó a construirse en 1875 como una extensión para unir a Luján con Pergamino, decidió instalar un depósito de agua que pasaría a utilizarse como “Estación”, a la que el 12 de agosto de 1881 (fecha que posteriormente se tomó como fundacional del pueblo) el entonces presidente Julio A. Roca, mediante la Dirección de Ferrocarriles, bautizó como “Carlos Keen” en homenaje al guerrero del Paraguay que había tenido títulos sobre esas tierras.

La estación ferroviaria de típico estilo inglés, trajo consigo bienestar y prosperidad, haciendo que la población creciera hasta alcanzar unos 3.500 habitantes.

En base a ese núcleo ferroviario se trazó el pueblo que se extiende a sus cuatro lados. Sus principales arterias la rodean y, posteriormente, son asfaltadas.

Constituye todo un símbolo del pueblo la iglesia de San Carlos de Borromeo, construida en estilo neo-románico, con sus altas paredes en ladrillos de junta enrasada y su campanario a la vista, que fue donada por el vecino Francisco Irure, comenzándose la construcción en 1895 para inaugurarse en 1906.

Don Aniceto Gutiérrez, propietario de la panadería, fábrica de dulces y de un molino harinero, fue un entusiasta español que impulsó el desarrollo del pueblo trayendo la energía eléctrica y la pavimentación de las calles principales. Con su nombre asociado a la calle de acceso hoy se lo recuerda.

En 1934 Carlos Keen alcanza su máximo esplendor: dos escuelas primarias, registro civil, juzgado de paz, comisaría, tiendas, almacenes, venta de máquinas agrícolas, corralones, hoteles y restaurantes, son la muestra de su situación próspera por aquel entonces.

La autopista del oeste atrajo el turismo, habido por conocer esa verdadera “cápsula de tiempo”, haciendo que la distancia con Buenos Aires fuese muy corta. Se generaron nuevos y variados emprendimientos no tradicionales. Se mejoró la difusión del lugar, y decretos provinciales y municipales contribuyeron a remarcar su carácter de ejemplo de pueblo tradicional e histórico.

Entre las nuevas “industrias” de Carlos Keen adquiere cada vez más significación sus nuevos y excelentes desarrollos urbanísticos privados. Así por ejemplo “Chacras La Primavera Golf”, erigido en un predio dominado por colinas, que flanquean el arroyo “El Haras”, tributario del río Luján. Terreno que conocido antiguamente como Campo “La Junta” perteneció al señor Mariano Moreno, descendiente directo del prócer de Mayo.

Como curioso dato adicional y por cierto dirigido principalmente a los amantes de las ciencias naturales, debemos mencionar que estos pagos constituyen un rico yacimiento de fósiles del Mioceno y Pleistoceno (era Terciaria), tales como gliptodontes y megaterios. A tal punto que Florentino Ameghino, vecino de Luján promediando el siglo XIX, exploró estas tierras en busca de especímenes de este tipo que poblaban el oeste bonaerense hace 4, 5 o más millones de años.

Deseamos cerrar esta breve síntesis histórica haciendo referencia a una postal que por ser encantadora es también imborrable a la luz de nuestros pensamientos: Desde “Chacras La Primavera Golf”, en el momento en que el atardecer da paso a la noche, mirando hacia Luján, percibimos claramente junto con la aparición de millares de estrellas, las torres iluminadas del Santuario Nacional Argentino. Ante tal visión, del Templo magnífico comulgando con el Universo, nos invade la sensación de estar en el Paraíso.
 
     
  Ingeniero Eduardo Jorge Agustín Munzón
23 de enero de 2010.-
 
 
 

® 2010 - Chacras La Primavera Golf